En Bruselas, un 24 de agosto de 1914 nace un bebé de ojos muy verdes y piel muy blanca, Julio Florencio Cortázar mascullaba sus primeros sonidos hambrientos que estremecían los tímpanos de la joven María H. Descotte al compás del inicio de la Primera Guerra Mundial.
Vivió
su primer año de la mano de su recién nacida hermana, Ofelia, y al
calor de las invasiones alemanas, que al extenderse sobre Bélgica
obligó a su familia a trasladarse a la ciudad de Barcelona. Allí
comenzó a articular sus primeras palabras en francés, idioma cuya
pronunciación gutural de la “R” lo acompañaría el resto de su
vida.
Cuando
termina la Guerra, la familia vuelve a Argentina. Se instalan en
Banfield, por entonces pueblo con futuro “bacán”, donde
transcurrirá su infancia, de la cual no guarda recuerdos felices
“Demasiadas servidumbres, una sensibilidad excesiva, una tristeza
frecuente, asma y primeros amores desesperados”: A sus seis años
de edad, su padre abandona el hogar, lo poco que se dijo al respecto
fue que “había aparecido otra mujer”, dura experiencia que
derivará en una infancia de chico enfermizo, huidizo y casi
exclusivamente lector.
Transcurre
el resto de su infancia y su pubertad con abuela, su hermana y su
madre que, frente al desamparo económico, debió abandonar la
entonces considerada “decencia” de ama de casa y trabajar. María
fue quien inició a su hijo en la lectura, en la biblioteca familiar
se encontraban autores como Alejandro Dumas, Víctor Hugo y Julio
Verne, autor que inspiró desde la precoz juventud la visión de “no
aceptar las cosas como dadas”, visión que se manifestaría a lo
largo de toda su obra, acompañada por perspectivas existencialistas
y metafísicas.
En
1929 ingresó en la Escuela Normal del Profesorado “Mariano
Acosta”, en 1932 obtuvo el título de Maestro Normal y en 1935 el
de Profesor en Letras. Durante esos años comenzó a interesarse por
aspectos del arte que se reflejarán en sus escritos; la música,
sobretodo el Jazz, el box, y la filosofía existencialista reflejada
en autores como Dostoievsky.
Ejerció
la profesión de docente tanto en Bolívar como en Chivilcoy, pueblos
donde el aburrimiento abatía al joven escritor.
En
1943 se produce un golpe de militares nacionalistas que entroniza en
el gobierno al general Pedro Pablo Ramírez, situación que afectó a
todos aquellos que pretendían pensar libremente, caso de Cortázar.
Se lo acusó de escaso fervor gubernista, comunismo y ateísmo.
En
1944 se “refugia” en Mendoza, donde dicta tres cátedras de
Literatura francesa y una de Europa septentrional.
Cortázar
comienza a escribir en un contexto donde la necesidad de aunar las
culturas provenientes de las inmigraciones, producto de la Segunda
Guerra Mundial, en una identidad nacional, sumada a la llegada del
peronismo y a las migraciones internas amenazaban con el surgimiento
de un nacionalismo fascista y el levantamiento de un Perón semejante
a Hitler. Este contexto posicionó a muchos intelectuales, al propio
Cortázar, en una situación donde la libertad de expresión se
sentía intimidada. Años después, Julio reconocerá “Mi
generación empezó siendo bastante culpable en el sentido de que le
daba la espalda a la Argentina. Éramos muy snobs, aunque muchos de
nosotros solo nos dimos cuenta de eso más tarde…” Es por este
contexto político y social que Cortázar decide embarcarse rumbo a
París.
Allí
desarrollará casi toda su obra, influenciado por la corriente
surrealista de la época, escribe obras donde lo fantástico se
combina con lo psicológico, lo filosófico y, años después, con lo
político.
Su
obra es considerada como fantástica y perteneciente al “boom
latinoamericano”, expresión que no será de su agrado. Obras como
“Casa Tomada”, “Carta a una Señorita en París”, en sí
“Bestiario” estarán colmados de elementos propios del Realismo
Mágico, acoplando componentes sobrenaturales con proyecciones
psicológicamente siniestras, donde aquellos fantasmas interiores
devienen en la locura. Sus personajes cuestionan, ponen en crisis,
niegan lo que la mayoría acepta por una especie de destino fatal
histórico y social.
A
su vez, trabajará con el absurdo en antologías como “Historias de
Cronopio y Famas” o “Un tal Lucas”
Sus
obras tienen siempre un tinte de actualidad porque se caracterizó,
sobretodo en “Rayuela”, editada hace cincuenta años y más viva
que nunca, y “El libro de Manuel” por hacer uso de la
intertextualidad, recurso emparentado con el concepto de
Globalización. Julio se encarga de hacer presente en sus novelas y
cuentos la diversidad cultural propia del mundo que habitamos,
reflexiones orientales que suponen la negación de conceptos
causales, del tiempo, del espacio; las tradiciones latinoamericanas
intercaladas con realidades europeas, como el mate en plena Rue de
Montparnasse o los rituales mexicanos en cuentos como “La noche
boca arriba”, son algunos ejemplos de la calidad intertextual,
discursiva y cultural de sus obras.
Hacia
los años ‘60 el contexto mundial provoca en Julio un interés
desmesurado en torno a la política. Se inclina con fervor a favor de
la Revolución Cubana, criticando el gobierno stalinista, y durante
el Mayo Francés se levanta en críticas y activismo.
Emprendió
viajes a Nicaragua, Cuba, Chile y Argentina, recorridos que le
hicieron comprender lo que verdaderamente significaba América
Latina. “En ese momento empecé a comprender que los libros deben
llevar a la realidad y no la realidad a los libros.” La obra que
condensa todo su enfoque político es “El libro de Manuel” obra
tormentosa que le debió críticas duras a nivel literario.
Cuando
en Octubre de 1967 comenzaron a circular los rumores de que el
“Che” Guevara había caído en manos enemigas y había sido
ejecutado, Cortázar, que por entonces formaba parte de la Unesco, no
pudo sostener el decoro diplomático y dejó que las lágrimas lo
avasallaran en plena sesión.
El
21 de Septiembre se casó con Carol Dunlop, “por razones prácticas”
ya que él había sufrido una hemorragia cuyo diagnóstico (Leucemia
mielítica crónica) no conoció por voluntad de Carol.
Carol
murió el 2 de noviembre del mismo año, de una afección viral.
Cortázar se vio sumido en una gran depresión.
En
noviembre de 1983, con su enfermedad ya avanzada, decide visitar por
última vez la Argentina, allí se vio sorprendido por la cantidad de
jóvenes que corrían a abrazarlo, inspirados por la contranovela
anticonformista “Rayuela” y por el espíritu de lucha que sus
obras habían inspirado durante la abominante dictadura militar.
Julio no había querido orientar sus obras a un público joven pero
su espíritu alegre y jovial se inmiscuyó entre sus escritos
alcanzando en aquel entonces y aún hoy, con solidez y fortaleza, los
corazones de miles de adolescentes cuyos sueños e ideales se
incentivan a diario con cada verso, frase, cuento o novela de este
pequeño gran adulto.
Finalmente,
el 12 de febrero de 1984 falleció a causa de su enfermedad en el
Hospital Saint Lazare, conservó su humor hasta el último momento.
Fue enterrado junto a la tumba de Carol, al son de “QUEREMOS TANTO
A JULIO”.
Porque
tu voz sigue haciendo eco, eternamente gracias, Gran Cronopio.
