
Ciervos
salvajes que embisten el bosque,
el
paraíso de las liebres tristes,
de
los conejos idos y grillados.
Ráfagas
de ira y desdén atormentan la arboleda
Alameda
de pasiones asesinas, de vehemencias lapidadas
por
las rocas de la incertidumbre que turban mi sueño.
Somnolencia
salvadora de psiques,
no
te vayas ahora, no abandones esta cascada de rocas
que
necesita de vos.
Me
urge un escape fortuito, una puerta a otros ríos
que
inunden mi cuerpo y purguen mi juicio.
Es
urgente que huya de los cielos sucios
bastos
de miedo y desazón;
esfumarme
de esta niebla insoportable,
meterme
hasta el cuello en un vórtice más allá de las palabras
encontrar
la ansiada y condenada unidad,
cruzar
esa verja que me lleva a los reinos milenarios.
Cuántos
malditos pensamientos ilusorios.

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