jueves, 5 de septiembre de 2013

"Queremos tanto a Julio" - Artículo para Revista del CELP



En Bruselas, un 24 de agosto de 1914 nace un bebé de ojos muy verdes y piel muy blanca, Julio Florencio Cortázar mascullaba sus primeros sonidos hambrientos que estremecían los tímpanos de la joven María H. Descotte al compás del inicio de la Primera Guerra Mundial.
Vivió su primer año de la mano de su recién nacida hermana, Ofelia, y al calor de las invasiones alemanas, que al extenderse sobre Bélgica obligó a su familia a trasladarse a la ciudad de Barcelona. Allí comenzó a articular sus primeras palabras en francés, idioma cuya pronunciación gutural de la “R” lo acompañaría el resto de su vida.
Cuando termina la Guerra, la familia vuelve a Argentina. Se instalan en Banfield, por entonces pueblo con futuro “bacán”, donde transcurrirá su infancia, de la cual no guarda recuerdos felices “Demasiadas servidumbres, una sensibilidad excesiva, una tristeza frecuente, asma y primeros amores desesperados”: A sus seis años de edad, su padre abandona el hogar, lo poco que se dijo al respecto fue que “había aparecido otra mujer”, dura experiencia que derivará en una infancia de chico enfermizo, huidizo y casi exclusivamente lector.
Transcurre el resto de su infancia y su pubertad con abuela, su hermana y su madre que, frente al desamparo económico, debió abandonar la entonces considerada “decencia” de ama de casa y trabajar. María fue quien inició a su hijo en la lectura, en la biblioteca familiar se encontraban autores como Alejandro Dumas, Víctor Hugo y Julio Verne, autor que inspiró desde la precoz juventud la visión de “no aceptar las cosas como dadas”, visión que se manifestaría a lo largo de toda su obra, acompañada por perspectivas existencialistas y metafísicas.
En 1929 ingresó en la Escuela Normal del Profesorado “Mariano Acosta”, en 1932 obtuvo el título de Maestro Normal y en 1935 el de Profesor en Letras. Durante esos años comenzó a interesarse por aspectos del arte que se reflejarán en sus escritos; la música, sobretodo el Jazz, el box, y la filosofía existencialista reflejada en autores como Dostoievsky.
Ejerció la profesión de docente tanto en Bolívar como en Chivilcoy, pueblos donde el aburrimiento abatía al joven escritor.
En 1943 se produce un golpe de militares nacionalistas que entroniza en el gobierno al general Pedro Pablo Ramírez, situación que afectó a todos aquellos que pretendían pensar libremente, caso de Cortázar. Se lo acusó de escaso fervor gubernista, comunismo y ateísmo.
En 1944 se “refugia” en Mendoza, donde dicta tres cátedras de Literatura francesa y una de Europa septentrional.
Cortázar comienza a escribir en un contexto donde la necesidad de aunar las culturas provenientes de las inmigraciones, producto de la Segunda Guerra Mundial, en una identidad nacional, sumada a la llegada del peronismo y a las migraciones internas amenazaban con el surgimiento de un nacionalismo fascista y el levantamiento de un Perón semejante a Hitler. Este contexto posicionó a muchos intelectuales, al propio Cortázar, en una situación donde la libertad de expresión se sentía intimidada. Años después, Julio reconocerá “Mi generación empezó siendo bastante culpable en el sentido de que le daba la espalda a la Argentina. Éramos muy snobs, aunque muchos de nosotros solo nos dimos cuenta de eso más tarde…” Es por este contexto político y social que Cortázar decide embarcarse rumbo a París.
Allí desarrollará casi toda su obra, influenciado por la corriente surrealista de la época, escribe obras donde lo fantástico se combina con lo psicológico, lo filosófico y, años después, con lo político.
Su obra es considerada como fantástica y perteneciente al “boom latinoamericano”, expresión que no será de su agrado. Obras como “Casa Tomada”, “Carta a una Señorita en París”, en sí “Bestiario” estarán colmados de elementos propios del Realismo Mágico, acoplando componentes sobrenaturales con proyecciones psicológicamente siniestras, donde aquellos fantasmas interiores devienen en la locura. Sus personajes cuestionan, ponen en crisis, niegan lo que la mayoría acepta por una especie de destino fatal histórico y social.
A su vez, trabajará con el absurdo en antologías como “Historias de Cronopio y Famas” o “Un tal Lucas”
Sus obras tienen siempre un tinte de actualidad porque se caracterizó, sobretodo en “Rayuela”, editada hace cincuenta años y más viva que nunca, y “El libro de Manuel” por hacer uso de la intertextualidad, recurso emparentado con el concepto de Globalización. Julio se encarga de hacer presente en sus novelas y cuentos la diversidad cultural propia del mundo que habitamos, reflexiones orientales que suponen la negación de conceptos causales, del tiempo, del espacio; las tradiciones latinoamericanas intercaladas con realidades europeas, como el mate en plena Rue de Montparnasse o los rituales mexicanos en cuentos como “La noche boca arriba”, son algunos ejemplos de la calidad intertextual, discursiva y cultural de sus obras.
Hacia los años ‘60 el contexto mundial provoca en Julio un interés desmesurado en torno a la política. Se inclina con fervor a favor de la Revolución Cubana, criticando el gobierno stalinista, y durante el Mayo Francés se levanta en críticas y activismo.
Emprendió viajes a Nicaragua, Cuba, Chile y Argentina, recorridos que le hicieron comprender lo que verdaderamente significaba América Latina. “En ese momento empecé a comprender que los libros deben llevar a la realidad y no la realidad a los libros.” La obra que condensa todo su enfoque político es “El libro de Manuel” obra tormentosa que le debió críticas duras a nivel literario.
Cuando en Octubre de 1967 comenzaron a circular los rumores de que  el “Che” Guevara había caído en manos enemigas y había sido ejecutado, Cortázar, que por entonces formaba parte de la Unesco, no pudo sostener el decoro diplomático y dejó que las lágrimas lo avasallaran en plena sesión.
El 21 de Septiembre se casó con Carol Dunlop, “por razones prácticas” ya que él había sufrido una hemorragia cuyo diagnóstico (Leucemia mielítica crónica) no conoció por voluntad de Carol.
Carol murió el 2 de noviembre del mismo año, de una afección viral. Cortázar se vio sumido en una gran depresión.
En noviembre de 1983, con su enfermedad ya avanzada, decide visitar por última vez la Argentina, allí se vio sorprendido por la cantidad de jóvenes que corrían a abrazarlo, inspirados por la contranovela anticonformista “Rayuela” y por el espíritu de lucha que sus obras habían inspirado durante la abominante dictadura militar. Julio no había querido orientar sus obras a un público joven pero su espíritu alegre y jovial se inmiscuyó entre sus escritos alcanzando en aquel entonces y aún hoy, con solidez y fortaleza, los corazones de miles de adolescentes cuyos sueños e ideales se incentivan a diario con cada verso, frase, cuento o novela de este pequeño gran adulto.
Finalmente, el 12 de febrero de 1984 falleció a causa de su enfermedad en el Hospital Saint Lazare, conservó su humor hasta el último momento. Fue enterrado junto a la tumba de Carol, al son de “QUEREMOS TANTO A JULIO”.

Porque tu voz sigue haciendo eco, eternamente gracias, Gran Cronopio.

CsO

Es el sentido que me apresa  Presa amotinada de palabras Nenúfar, quiero decir nenúfar y que sea tu columna vertebral flotando en mi mano Qu...