miércoles, 29 de enero de 2014

Cuerpo.

Huelo el carbón suspendido en la atmósfera húmeda mientras escucho el avance imperioso de la tropa metálica. Sé que viene por mí, por un cuerpo y sus apéndices como vainas que se hunden en densos arroyos de sangre.
La noche aplasta mi pecho y los astros son los únicos testigos que aún resplandecen para advertir, impávidos, mi desdicha. Estoy lejos de mi pueblo, de mi lucha incipiente. No hay lugar en la tierra para la humanidad, no somos algunos pocos los elegidos por la mano arbitraria, sino muchos los que hoy me acompañan a devolver el equilibrio a la balanza del más poderoso.
Cada vez más cerca, se aproxima el vapor ennegrecido, indolente el armatoste hijo de tantas manos y tantas piernas. La tierra tiembla a su paso, sangran con su marcha mis heridas y se vuelven estériles mis pensamientos.
Me estoy muriendo, aferrado a mi cruz de bandera roja y estrella oscura, riego con mi cuerpo los campos de mis ancestros y temo por esta patria que inunda sus flores de pólvora.
Siento los rieles oscilar y con ellos también lo hacen mis muñecas, atado elevo mis últimas plegarias al universo y a Dios. El viento trae su pedido, sonido que siempre me pareció mohíno, demasiado tarde porque ya no hay alma que comande esta figura, no hay fuerza que levante un peso muerto y endemoniado. Lo que hay, lo que queda no es más que un cuerpo, rodeado de otras vidas ultrajadas, que exhala bajo el manto pesado de noche y balas, su grito terminal de libertad.


CsO

Es el sentido que me apresa  Presa amotinada de palabras Nenúfar, quiero decir nenúfar y que sea tu columna vertebral flotando en mi mano Qu...