Qué
oportuno encontrarse con esta entrevista, precisamente luego de la
Jornada de los 20 años de la cátedra Clínica de la Urgencia de
Inés Sotelo, en la cual por la mañana la exposición se dio entorno
al Psicoanálisis, su transmisión, el lugar de la universidad y el
contexto actual.
Lo
que sigue resonando, pensándome es, principalmente, el lugar del
psicoanálisis en la actualidad. El discurso vigente presenta como
eje central el imperativo de goce, encarnado en el exceso de consumo,
esa es la coyuntura, goza del sexo, goza de tu cuerpo, goza de esto,
goza de aquello. Estamos frente a una exigencia cuyo horizonte es
eterno, goce en constante insatisfacción. El deseo ha sido capturado
por el mercado y, en consecuencia, se producen objetos que causen
deseo, se manipula la demanda y se designa la oferta. El sujeto queda
ahogado, aplastado por el goce que no es condescendiente al deseo.
Ante
esta escena debe pensarse la posición del psicoanálisis y su
relación con el capitalismo, la demanda de éste es evidente y se
dirige no sólo al psicoanálisis sino a toda la comunidad “psi”,
a diferentes terapias. Respecto a éstas, la interpretación de dicha
demanda parece ser literal, al pie de la letra, y en consecuencia,
responden desde la comprensión, llevando la dirección de su cura a
un urgente levantamiento del síntoma orientado a la reinserción del
sujeto a la cadena de producción y consumo. Tomando prestada la
expresión de Judith Miller, la intervención de estas terapias
apunta a echar al síntoma por debajo de la puerta, una solución
efímera, ya que éste insiste entrando por la ventana. No hay
posibilidad de asunción de la subjetividad allí, se desconoce la
división del sujeto hablante por el simple, o no tan simple, hecho
de estar atravesado por el lenguaje; desde las bases allí se trabaja
con una supuesta unidad, identidad, se parte de “lo disfuncional”,
lo cual necesariamente implica su contraparte, la suposición de algo
funcional, (una pregunta posible es ¿funcional a qué?).
La
respuesta del Psicoanálisis al Capitalismo no puede implicar ni una
sumisión, ni adaptación, ni tampoco la marginalidad del mismo, sino
que es necesaria, como indicaba Aníbal Leserre, una posición de
lectura, de interpretación y de reinvención del psicoanálisis.
Fabián Schejtman ayer recordaba que el psicoanálisis es la última
flor del capitalismo, que "el psicoanálisis no será
anticapitalista o no será", esto implica que no se trata de ir
contra éste, se sabe que esto produce el efecto contrario, sino que
se trabaja inmerso en él y debe dirigirse al uno por uno,
sirviéndose de las herramientas que la posmodernidad presenta para
la transmisión del mismo. El psicoanálisis debe crear nuevas formas
de transmisión con el objetivo acentuado no en su supervivencia
teórica, es decir, no debe estar motivado de forma narcisista
perdiendo de vista la práctica en la que está fundado, la
experiencia analítica, relegándose a la enseñanza como modo de
existencia, lo cual implicaría el desconocimiento de sus propios
"principios", sino que debe estar presente de forma activa
alojando al sujeto del siglo XXI, desarrollando enérgicamente la
investigación con fines de no repetir las frases hechas teñidas de
un deseo muerto que hemos heredado, el psicoanálisis no es
compatible con una pedagogía inerte como indicaba Silvia Tendratz.
De esto no se deduce que se desestima la enseñanza académica, por
el contrario, es menester que el psicoanálisis se sirva del discurso
universitario, que le permite el espacio para la formalización
clínica, para un tipo de transmisión. Pero ésta, necesariamente,
debe estar coloreada por el deseo de quien la difunde, como indicaba
también Fabián Schejtman, que en Argentina el psicoanálisis haya
tenido tal expansión y repercusión se debe al deseo apasionado de
aquellos primeros analistas, y también de los contemporáneos, que
en distintos espacios, a saber, la experiencia como analizante, la
formación teórica y la supervisión, mediante su propia “Erótica
del deseo”, tomando las palabras de Silvia Salman, relacionada con
la singular “forma de tejer nudos”, como indicaba Aníbal
Leserre, han logrado tocar el cuerpo de muchos otros.
Por
lo tanto, simplemente indicar que mediante la transmisión cargada de
deseo de dichos analistas y también de otros que no he mencionado, a
los cuales les agradezco sus palabras, he sido motivada, tocada y que
ha quedado resonando en mi que el psicoanálisis hoy en día tiene un
papel fundamental en el malestar que conlleva su contexto y no puede
quedar acotado a la teoría ni a formas ortodoxas y reaccionarias.
Apuesto yo también desde este humilde aporte transmitir algo de lo
que implica mi deseo y el psicoanálisis para mí y, quizás, dejar
resonando algo en alguien más.