viernes, 14 de enero de 2022

La paz mortal

Por fin no tengo nada para decirme

Paré el tiempo con la mano como quería

Y ahora padezco del silencio necesario

No sé compaginar esta búsqueda de ideas y de cuerpo


Creo una ciudad vacía

Desde mi terraza solitaria

Porque me molestan las siluetas que distraen los ojos

Y no dejan que me vea para adentro

Que me ausculte un juego de palabras


Quisiera armar otro domo

Uno de puro cielo y alturas

Distinto del cemento y el sudor

Caminar por la pendiente de una nube

Ser un poco de viento nocturno


Me cuesta conciliar esta sopa de letras difusa

Este arroyo de hilito gris 

Apenas un ruido blanco


Tengo peso sin palabras 

Falta la máquina de imaginar a mi cuerpo

Y hay una paz insoportable

No soporto una flor

Como para que algo nazca, algo debe morir, la primavera es ese cierre de moño, esa tumba alumbrada fijamente por un rayo de sol incipiente. La primavera y el refuerzo eruptivo de la esperanza, el llamado irreverente a la actividad.

La primavera confunde al cuerpo con sus señales ambiguas, calor y frío son sólo temperaturas, tal vez sea por su otra cara, el otoño. No obstante, el otoño me es acogedor, me recibe a mí y no yo a él. El otoño es un hombro para llorar tranquila. La primavera es esa estúpida entusiasta que te pide volver a la vida, que no le importa si estás tirada en el fondo de la cama, desprovista de energía, de recursos.

Primavera, insoportable oferta de inspiración, demandante, pide letra, tinta, nota, acordes, colores. No sabe callarse, primavera ruidosa, egoísta.

Primavera o aluvión verde y floreado que me hace sentir marchita. Primavera y no estoy a la altura, soy impuntual, llego a destiempo a tu invitación llena de elocuencia, esplendor y belleza.

Primavera de amores perdidos, de principios y finales. Primavera inmadura, adolescente, chiquilina, y yo soy un encanto extraviado hace mucho tiempo.

Primavera pictórica, romántica, ingenua, de velos blanco y rosa. Invasiva, imposible evadirte, capturás todos mis sentidos, penetrante.

Primavera de amistades, fiestas y banquetes. Yo prefiero recibirte sola, a la deriva introspectiva que me transporta a estas hojas. Nadie te protege en primavera, tu soledad se revela como carencia, ¿por qué tan sola esta noche de luna y estrellas? Primavera ladrona de intimidad, vas pervirtiendo ideas, encogiendo almas descuidadas que se entregan desnudas a la caricia violenta de tus vientos caprichosos.

Cómo te detesto primavera, llena de recuerdos, me hundís en sensaciones contradictorias, no sé en qué idioma hablarte, primavera. Me sacás las palabras porque me devolvés al cuerpo, un tonto emocionado.

¿No te cansás nunca de tu desfile a toda pompa y carnaval? No soporto tus ganas de gestar, crecer, impulsar, enamorar. No confío en tus intenciones de tregua y paz. Mascarada de mujer seductora, te envidio y te detesto, primavera soberbia, indolente. Testigo insensible de mi envejecer prematuro, lento y continuado. Rival desconocida, me opacás y yo toda poca cosa intentando sonreírle a los hombres bajo tu sol creciente.

Devolveme las palabras que quiero odiarte como amerita, primavera de puro rencor e ira, no te acompaño, no te sigo, no te entiendo, vivo en un invierno eterno, en mi interior yo me abrigo, soy mi propio motor, voy encantando paisajes y postales de medialunas y café con leche. Invierno honesto, primavera farsante.

Primavera y estoy triste.


domingo, 9 de enero de 2022

La fractura deseante

Hay miradas desencontradas

Por el gusto de escaparnos

Das vuelta la cara

En un gesto de ser de nuevo tuyo


Hay un paradigma de teatro

Una invitación a evitarnos

En un mañoso y hostil capricho

Jugamos al silencio


Hay miradas encontradas

En la boca de los ojos

Voy buscando tus manos 

En un gesto de ser de nuevo tuya


Hay miel agridulce

Pegoteando mi caja melancólica

Hay un surco deseante

Una fractura tierna


Hay una hemorragia de miel 

Catarata de verano 

De pegajoso deseo

Hay un brote de intimidad deseada


Por regalarte un suspiro

O volcarme en tu pecho

Hay apertura

Voy abriéndome

Trazando el surco

Sobre la caja de miel melancólica


Voy agrietando la hemorragia

Pegoteando la mirada

Voy olvidando de a poco

Los malos hábitos del querer

De un olvido que no fuera melancólico

Te olvidaste un pedacito de tiempo sobre la mesa,
Una invitación a la pausa,
el souvenir de tu visita de turista sobre mi piel, 
Un guiño a mi vicio poético
Un regalo sin don.

Te olvidaste un pedacito de tu voz 
en el eco de un buenos días
Justo al costado de la almohada
Aún repleta de sueños

Me gustaría que mañana
se te olviden tus alarmas, 
Que no recuerdes cómo vestirte 
o atarte los cordones
Que no encuentres las llaves
Que tengas que quedarte un poco más

A cambio te ofrezco olvidarme el teléfono en silencio
Postergar las compras o algún impuesto
Si querés
Me quedo espesando la cama
Buscándote entre movimientos
de gatito ronrroneante
Puedo regalarte un café cuando despiertes 
Y un beso de terrón de azúcar.

CsO

Es el sentido que me apresa  Presa amotinada de palabras Nenúfar, quiero decir nenúfar y que sea tu columna vertebral flotando en mi mano Qu...