Análisis
Pedro Páramo es una novela perteneciente a una corriente llamada “Realismo
mágico”. Pero para hacer un análisis adecuado de esta obra es preciso definir
qué es el realismo mágico. El realismo mágico,
es una característica propia de la literatura latinoamericana de la
segunda mitad del siglo XX, es una corriente literaria cuyos rasgos principales son la desgarradura
de la realidad por una acción fantástica descrita de un modo realista dentro de
la narrativa. El realismo mágico persuadió la novela para que saltara por
encima del muro de dos mil años que la historia novelística había construido
sobre las lecturas y de prejuicios de la gente; el realismo mágico disuadió a
la novela para que continuara el mismo rumbo del postmodernismo, monótono y
estéril. Dentro de esta corriente los detalles fantásticos y mágicos resultan
narrados en un tono neutro, no descoloca al lector sino que es tomado a lo largo
de la historia como un hecho normal y hasta, si se quiere, cotidiano. Así mismo
apostar a lo irreal permite la implementación de metáforas puras que enriquecen
el relato.
Esto es exactamente lo que ocurre en la novela a analizar. La
intervención de lo fantástico en la realidad provoca que ésta sea más fácil de
aceptar, que la historia real no sea tan dura para el lector
En Pedro Páramo se puede distinguir claramente las alegorías del lugar
muerto, de las almas en pena y de la caracterización de los personajes respecto
al contexto histórico del autor, es decir, si bien la intencionalidad de Juan
Rulfo no fue denunciar la historia de la Revolución Mexicana, tomó a ésta como
ambiente o entorno de narración.
La novela toma como elemento principal a la muerte, el protagonista se
desplaza por un Pueblo desolado, marchito, triste, abandonado y desértico que
intenta reflejar al deteriorado México post-revolucionario en el cual los
pueblos que alguna vez habían sido ricos y fértiles se vieron sumidos a la migración
de sus pueblerinos a las grandes ciudades condenándolos así a la pobreza eterna, a vivir en el anonimato,
abandonados, con sus riquezas desperdiciadas y olvidadas.
Comala se transformó con el transcurso de los años
revolucionarios en un infierno. El paso de los terratenientes acaudalados
(Pedro Páramo), de una clase de caciques, llevaron a la ciudad a ser víctima de
la corrupción, de manejos ilícitos e inmorales, contaminando el alma de la
población. Los hombres con poder extrajeron hasta la última gota de plus-valor,
de inocencia y de esperanza de los habitantes.
Pero todo tiene su fin, no hay mal que dure cien años.
Una sociedad harta del abuso de poder y extenuada decidió levantarse contra
tanta injusticia, algunos se marcharon y dejaron a los latifundistas con su
dignidad debilitada y otros se levantaron en armas. La guerra civil destruyó a
los moradores.
El maltrato de los latifundistas está plasmado en la
obra en Pedro Páramo, hombre avaro, soberbio, insensible, inmoral, abusador,
mujeriego, egoísta, obtiene lo que quiere a través
del poder y la violencia, es un hombre inteligente que se enriquece a costo de
los derechos de los demás. Su fuerza y maldad nació a partir de la muerte de su
padre y su talón de Aquiles fueron las muertes de su hijo Miguel y de la única
mujer a la que amó, Susana San Juan.
Los susurros y voces presentes en la historia son almas en pena, que
cuentan la problemática local y la devastación de la villa. Almas condenadas, perturbadas
por su consciencia y atrapadas en un mundo de muertos y vivos. Comala habla y
cuenta su historia a través de ellas. Denuncia al “próspero y paradisíaco” y
corrupto México pre-revolucionario.
Ese paraíso que Juan Preciado espera encontrar no ya no existe, en su
lugar sólo está el infierno consecuencia de tanta corrupción y malicia.
Ese pueblo dichoso y feliz no era más que apariencia pues si bien la
tierra era rica, y las aldeas estaban pobladas sus habitantes eran sometidos al
maltrato y la explotación.
Otro personaje que expresa la deshonestidad de la
sociedad es el Padre Rentería el cual ejerce su ministerio con criterios
administrativos muy cercanos a lo simoníaco. Ya de por sí el apellido escogido
por el novelista para designar a su personaje tiene propósitos de irónico
simbolismo: Rentería, de «renta», administración, bienes negociables. Desempeña
ininterrumpidamente su ministerio: celebra la Misa, confiesa, auxilia a los moribundos.
Y, sin embargo, no por eso podemos afirmar que cumple realmente con la misión
del párroco. Todo lo hace movido por la inercia y la necesidad. Entonces, ¿Qué
papel juega la Iglesia en esta historia? Es una respuesta que entraña
menosprecio a la Iglesia, El novelista señala con actitud las fallas de un
sacerdote porque está convencido de que
otra sería la historia de México si el testimonio del clero fuera siempre el
que corresponde a los auténticos representantes de Cristo.
Retomando por última vez la clave del libro, la
muerte, me gustaría exteriorizar que a Juan Preciado lo mató el miedo a la
muerte, el terror de haberse encontrado con semejante abandono y acabar como
aquel condado y aquellas almas en pena… bajo las tinieblas.
Conclusión
Elegí realizar una monografía sobre esta novela porque sabía que implica
un análisis profundo y literario, donde abundan las interpretaciones y las
metáforas.
Además el hecho de tener que investigar sucesos históricos, y que puntualmente
abarcan un contexto de revolución, de búsqueda de justicia social y de conflictos
latinoamericanos me atrajo aún más.
Lo que destaco de este trabajo es la relación que puede existir entre la
ficción, la magia, el relato fantástico y lo real. Cómo una historia ficticia
puede estar respaldada por la realidad y cómo a través del arte, pues la
literatura es arte, se puede denunciar la maldad y crueldad humana.
En conclusión me compenetré con el trasfondo de la historia y pude experimentar,
(salvando las distancias) a través de la lectura, lo que algún ciudadano
Mexicano sobrellevó y la indignación que su historia le causó.
Esta clase de novela me introdujo en el realismo mágico y gracias a ella
conozco el mundo real por medio de algo tan sensible como la palabra.
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