Un
sentimiento inverosímil aqueja mi alma
como
una hoguera entre la nieve,
como
una luz en el foso de los susurros.
Inútil
detectar su raíz, incapaz de vislumbrar su origen.
Perdida
a través de la tinieblas taciturnas de la tonta luna.
Angustia
recurrente, pedante inteligencia que no me sirve de nada
Diminuto
ratoncito exhausto de fingir ser un topo intelectual.
Incomprendido
roedor, disminuido a la nada por el gran felino azul.
Apesadumbrada
la vida del que intenta comprender.
Más
triste aún la existencia de aquel que lo logra.
Venas
podridas de palabras huecas.
Garganta
que canta voces mutiladas, ideas nefastas.
Santa
minerva, menester de los incultos comprender tu significado.
Que
más que ser Apolo, que más que ser Artemisa
No
demando demasiado, sólo hartar mi vida de sabiduría.
Ser prisionera de
la razón sin acabar en el célebre suicido del sabio.
Un
sentimiento habitual congoja mi mente
La
inferioridad persistente.

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