- Mi sensatez sabe que no tengo la obligación de explicarte nada. Sin embargo, existe en mí la necesidad de esclarecer lo sucedido, parte impulsada por el de deseo de conocer tu interpretación sobre los hechos y parte por mi voluntad de salir de tanta pasividad con la que creo haber vivenciado el desenlace de la otra noche.A pesar de mi jocoso gusto por las mentiras blancas, todos mis relatos fueron honestos, pero, como bien los dos sabemos, no siempre lo que uno cree que sucede es efectivamente lo que el resto comprende. El tipo de relación que tenía, y el verbo está bien conjugado, con él es tal cual la describí. Siempre puse las cartas sobre la mesa y él aceptó lo poco que yo podía y quería ofrecerle. Vos conoces bien que las palabras pueden ser engañosas, existen abismos semánticos entre las personas y pueden jugar a favor de nosotros o en contra. Supongo que él escuchaba en mi rechazo algún aliento ambiguo que le permitía mantener vivas sus esperanzas. Somos lo que creemos y nuestras creencias, si bien llegan a nosotros mediante el discurso ajeno es nuestra elección aprehenderlo u olvidarlo.No pienso cargar con ningún sentimiento de culpa para con él, la razón por la que frente a su intromisión preferí callar fue debido a que ahondar en reproches, explicaciones o iniciar intentos por apaciguar su ira, lejos de provocar un resultado favorable, acrecentaría su sentimiento de pérdida de orgullo y, por consiguiente, la violencia e irracionalidad de sus dichos y actos. Por lo tanto, lejos estuve de permanecer en silencio por creer que merecía semejantes insultos y aún así me pesa no haber defendido mi integridad.Es clave comprender que nuestra moral es producto de conveniencias ajenas y debemos preguntarnos ¿hasta qué punto podemos cohibirnos, inhibir nuestros deseos por razones ajenas, provenientes de personas que plantean normas de rigor porque no pueden ser ellos mismos libres? ¿Qué es más fácil adherir a la moral, fomentarla, esparcirla y esperar que el resto actúe en su consecuencia apelando a la más espantosa bajeza que es la mortificación de uno mismo o tomar las riendas de nuestros deseos, reconocer qué no queremos para nuestras vidas y erradicarlo de ellas incluso si eso implicara abandonar la esperanza que el conformismo ofrece?Lamento que haya despotricado contra vos también y espero que no haya logrado generar remordimiento y culpa en tu sentir porque es exactamente como no deberías sentirte. Los dos somos libres y honestos, la culpa queda para aquellos que no gustan de la coherencia entre dichos y hechos.Yo creo que cedemos a la comodidad de esperar que el otro nos exponga sus decisiones y nos brinde salidas fáciles, que el otro emita palabras y así poder tergiversarlo todo en virtud de auto-engañarnos y evadir la desazón que abunda en el conformismo.No me considero libre de todo condicionamiento moral, sino no podría vivir en sociedad, pero a lo que al romance respecta ya no puedo montar un escenario de sentimientos que no se dan en mí. Pretendo, con el mayor tacto posible esclarecerle al resto aquello que en verdad siento, incluso aunque sepa que podría dolerles. Ellos son "libres" de hacer con esa información lo que quieran y puedan sin perder de vista que están eligiendo su destino.En lo que respecta a mi dignidad de mujer, y más precisamente a mi dignidad como sujeto, luego de esa noche decidí irme, trató de retenerme e incluso reclamó que en virtud de mis acciones le debía una actitud tierna y benevolente. Es indignante y asusta que "de la boca para afuera" los hombres reivindiquen el papel de la mujer y luego con sucesivas acciones nos cosifiquen impunemente hasta el punto de figurarnos como parte de sus pertenencias. Creo que con su intervención lo que buscó fue delimitar el territorio, incluso a pesar de saber perfectamente que su reclamo era infundado y que jamás me iba a comprometer emocionalmente con él. Quiso arrancarme la libertad de elegir con quien compartir mi sensualidad y mis ideas. Después de semejantes ofensas, que no recuerdo si llegaste a oír y espero que no, pretendió que me quedara y fuera indulgente, servicial, quería efectivamente que ratificara con mi accionar los adjetivos que me adjudicó de forma ofensiva. No iba a perder más autonomía. Pasé la siguiente noche en un hostel y por la mañana del domingo te vi en la playa, no me atreví a nada, pasaste exactamente delante mío cuando tiraste tus cáscaras de banana a la basura y no me viste o no quisiste dirigirme la mirada. Yo no tuve el valor para llamarte y darte a conocer lo que ahora escribo. Fue curioso que en preciso momento en que me decidí a hablarles y dirigí una mirada a su banco ya no estaban. Escena patética si las hay.Me olvidé del tema y comencé a caminar, en el camino me encontré con mi roommate y decidimos viajar a dedo hasta Junín de Los Andes, precisamente en ese instante los vi acercarse. Permitime que te diga que fue una imagen que coincide perfectamente con el prejuicio porteño respecto de los alemanes, la frialdad hecha escena. "Hi" fue toda mi iniciativa y tu respuesta, apenas descifrable, ni siquiera intelegí algo en tus ojos debido a que llevabas lentes de sol. Te vi una vez más en la ruta, pasé a su lado. Me reí al pensar que la tercera era la vencida pero obviamente no iba a serlo. No sé, desde mi mundo psicoanalítico y en consonancia con lo expuesto anteriormente en materia de libre albedrío, inconscientemente te busqué, o quizá no tan inconscientemente, o simplemente San Martín es realmente pequeño. Por otro lado, puede parecerte superfluo y desubicado, no te conozco, no sé cuáles son tus ideales respecto del sentimentalismo, yo por lo pronto conservo entre tanto aluvión de discursos al romanticismo como eje, todo lo intento emprender con pasión y hacía tiempo que no alcanzaba a sentir ese galope en mi pecho, la tensión acogedora que brinda un poco de atracción, ligera adrenalina y un poco de ansiedad. Estuve viviendo un verano lleno de pasividad, lleno de vacío sentimental (adoro los oxímorons), estaba adormecida, me conformaba con banalidades de la vida nocturna y con un "compañero" que ni me gustaba ni aliviaba mi espera. Era un dilema de identidad, ¿Quién era? ¿Qué me apasionaba más allá de un otro a quien querer? En verdad me miraba al espejo y era difícil adjudicarme algún ideal. ¿Qué es peor que saber que estamos completamente atravesados por otros? Tener la sensación de haber perdido toda convicción.Me gustaría saber qué es el poder para vos, dónde radica tu interés, qué clase de poder es el que te apasiona. Sería interesante pensar si efectivamente no responde a algo más individual, si lo que de trasfondo te motiva a estudiar al poder en grandes escalas no es sino más que la potestad de elegir y las dificultades y obstáculos que nos imponen y nos auto-imponemos para ejercer nuestro libre albedrío.La vida no pasa frente a nosotros como una película muda, somos los actores y debemos admitir qué papel elegimos representar. Mi pasión es ahondar en los obstáculos que nos impiden ser auténticos dueños de nuestra vida, tanto en la esfera individual como en la social. Es cierto que la sociedad y sus discursos dominantes nos modelan, es cierto que la mayor influencia ideológica se nos presenta en la temprana infancia cuando menos recursos de autonomía poseemos, es cierto que la marginalidad que conllevan ciertos discursos alternativos al saber común nos cohíbe pero también es certero que hasta al acto de levantarnos cada mañana le adjudicamos un sentido particular entre todos los significados que la vida cotidiana proporciona. Entonces, me formulo la misma pregunta que Milgram ¿Somos todos nazis? ¿La ideología dominante nos condena o podemos escapar aunque sea en nuestra mente y refugiarnos en elecciones? Podemos. En consonancia, por qué debería pesar en mi conciencia que yo he sido responsable de la desdicha ajena, mi consuelo es haber sido honesta, él eligió conformarse, yo elegí correr el riesgo de que, entre la fantástica entropía que reina en el universo, me encontrase con la posibilidad de vivir una experiencia única y cautivante y, a su vez, enfrentar las consecuencias de dar rienda suelta a mis deseos.Hasta podría pensar que mi dilema se extendía a mi feminidad en el sentido de la lucha por la igualdad. Me hervía la sangre el encontrarme a la espera de otro amor o de que la vida me regalase un momento mágico, estaba carente de actividad, de significaciones que dieran un sólido sentido a mi existencia.(...)
jueves, 26 de marzo de 2015
Seven lakes to be reborn
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CsO
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