El
corazón se me agita, las palmas me sudan, el infinito se me vuelve estrecho hasta el punto de asfixiarme. Me siento pequeña, como si no
fuera nada ni nadie; como si pesara menos que una pluma. Mis
ideas, mi saber, pasan a un segundo plano... ¿De qué
me sirve portar la bandera si mi intelecto está vacío, si no puedo
alcanzarla? Si te tiene a vos y yo.. y yo también te
tengo.
Sé
que se revuelca en su psiquis, en su mar de ideas en busca del por
qué... pero no es la única. Me atosiga, me fustiga y apremia esa
pregunta... no la querés. Y mi consiente celoso y débil no sabe más
que pensar que no soy suficiente. Y me retuerzo las
manos y me arranco los pelos.
Leo,
escucho, aprendo pero no basta. Improviso, guitarreo, supongo
pero no es harto.
Cómo roba mis ocurrencias, cómo se atreve a parecerse a mi... No! Es lo
único que me queda, ya no tengo nada mío, pues todas mis
concepciones, todo mi ingenio se lo ha llevado. Corazón Coraza mi
poema.
Y
cada cosa que ella dice, que Alejandra dice es brillante y él... él
la iguala, ambos son equivalentes, idénticos nenúfares de un
estanque épico... y de nuevo me siento jaula.
Retomo
la escritura, medio prodigio de erradicar mis oscuros conejos; Sí, yo
también escupo conejos y hoy es uno apocalíptico. Ya no queda
espacio en mí para contener tanta ira, tanto miedo, tanta
incertidumbre. Me encuentro atestada, mi boca emana pavor, sombras
recorren mi razón y me siento cada vez más Storni, más Pizarnik.
Y
luego de naufragar apasionadamente por las costas de la inseguridad
todo vuelve a mí.
Y
me vuelvo a reconocer como tal. Renuevo ese sentimiento de ser suficiente, de ser digna de lo que me rodea. Tal vez no seamos iguales, ni estamos cerca de parecernos... Sin
embargo, en mi mente brota
tu voz, tus palabras difíciles, tus razones inconexas, me recuerdan
que me querés... y las iras de
mi pecho se apaciguan y el dolor de mi inconsciente se acalla y lo
que alguna vez fue el mismo purgatorio vuelve a ser el infierno que
tanto estimo.
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