Cabalgando en
la niebla, te diviso, rayo oscuro, pedante y soberbio. Vienes a
tierra cual lluvia ácida, con el objetivo de entorpecerlo todo, de
reducir a escombros lo poco que he logrado. Tormenta devastadora de
cielos y aldeas, me dejas sin aliento, me tiras a plomo.
Y
con que empeño te esfuerzas en huir, cobarde y orgullosa, renegada y
austera. Enferma como vos sola. Comprenderte, un milagro. Repelerte, sencillo. Odiarte, un imposible. Si es menester tu soledad no
obligues a la claridad a desvanecerse..
No
reprimas tus gotas que esta tierra las espera sedienta, seca y
triste, pues no sabe cuando es que caerá la verdad. Mis oídos de
polvo aguardan tu llegada, he dicho ya, ¿por qué te callás?
Insisto,
retorcé tus nubes y llueve, muero de sed.

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