Había
recorrido hasta el último rincón del laberinto rojo punzó. No
encontró más que tortuosas voces confundidas y difusas, telarañas
como redes de venas cercenadas.
Se
dijo que prefería morir allí, en medio de aquel embelesado, y
caótico bullicio de inconsciencia que en el palacio suntuoso del Emperador engreído y perverso que desgarraría su alma a
encantadoras fuerzas de "por qués"
Oh,
desdichado Káiser racional, podés mantenerla prófuga en este
revuelto de caminos sin salida, podés crisparle de incertidumbre las
ideas metafísicas pero aun tendrá mi cancela secreta, portal de un
angustioso ser.
No,
no podrás descoser este bulevar abstracto, No podrás despojarla de
algo que ante tus ojos no existe, de algo que vos,
refutador mediocre, no comprenderás jamás.
Así
que, deberás quemarle esos ojos absortos que alguna vez vislumbraron
el "lado de allá", o estrangularle los recuerdos que jamás conocerás pero te ruego, te imploro que no la condenes a
vivir hasta el ocaso de la vida en tu mustio jardín de la
consciencia, que no la abandones encadenada al mástil del
razonamiento presuntuoso, pues perecer es el logos y vivir aun
no lo comprendo.

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