No estoy para nada esta noche.
Porque el deseo de aplastar mi lengua
es el mismo que castiga mis manos
escupe mis letras
por encima de mi hombro
más yo quisiera fuera el tuyo
y soltar cada una de mis hienas
locas de desprecio
por saberte prescindible
y aún así imperdible.
Que me perdone yo misma la cobardía
que pueda verme a los ojos y sentirme
por fin vacía
Vacía para buscarte en no sé qué cosa
color, olor, dolor.
Todo eso que se desvanece
en mi hora más preciada
dejándome realmente sola.
Ya no espero nada,
más bien la nada me espera
agazapada detrás del primer cigarrillo
a media noche
llenándome la boca de reproches
Gusto pesado a tierra y quietud
Si pudiera ser humo para desaparecer
si pudiera ser
Estoy a la mitad de lo que sé y lo que soy
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