Cuando el humo decante, cuando no oiga tu voz despertándome en sueños y las hojas del otoño sean polvo en el invierno. Quizás entonces nos encuentre el viento en alguna esquina que supimos visitar aquellas noches de verano. Una par de ojos secos perdidos al atardecer, las manos en los bolsillos y una sonrisa que deba adivinar.
Y después de un tiempo quizás vuelvas a ser mío, porque oscilamos en encuentros y desencuentros dijiste y la piel a veces creo que me tirará por siempre al filo de tu cuerpo.
Pero la esperanza es una perra negra y peligrosa que me duele pronunciar, como me dolió escucharme en un "amor" fugitivo que inauguraba tu huida.
Cierro los ojos, siento la suavidad de tu pelo entre mis dedos que todavía piden recorrerlo, aún puedo traer a mi boca el dorso de tu mano abierta por primera vez para mí en una caricia estremecedora.
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