Mentí una insistencia desesperada
Un pedido de amor sin escolleraSin querer,
me dije mal las palabras correctas a la hora equivocada
Hice del dicho una tregua de hambre,
malversé que el cántaro va a la fuente a vaciarse en su propio hueco.
Y al decirlo maquillé una máscara de tierra sobre mi propia cara
Inventando la más plagiada de las novelas.
Aposté todo al sacrificio heroico
por amor,
por ese río de piedritas preciosas,
por ese cauce envenenado donde un niño alado moja la punta de su flecha.
Por ese espejo de agua maldita sobre el que cuelga la flor del narciso, aterrada como yo.
Hice poco con las palabras
por esta pasión del uno,
por esta ceguera isabelina y mi miedo a la muerte
o a soledad, que es lo mismo.
Del dicho nació un vicio poético que me excusó de miseria
Y ahora me denuncio con el mismo sentido de la esperanza,
aferrada a un deseo intenso de cambio,
de que esta vez el cántaro no se suicide en aguas ajenas
que esta vez no me arrastre la corriente
Y no me revuelque en mi propio agujero.
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