miércoles, 8 de abril de 2020

Correspondencia Internacional


Otra vez caída de una estrella muerta hace tiempo. Pienso que estuve colgada de una ilusión para salvarlo todo. El vacío en el que voy deslizándome me estruja el pecho y me deja deshecha al lado de nuestra tumba. 
Si estoy oscureciendo el relato no me lo digas, es para un destinatario que sabrá entender los malos hábitos del amor. Yo te espero como en el sueño en que te busco y no te encuentro, en el despertar de la daga más profunda.

No hay vicio que esta noche opaque el brillo de tus besos, no hay persona, ni canción. Sos el alma de la fiesta aunque sólo reine tu ausencia.
Te invito a una velada en soledad, cada uno en su hemisferio, te pienso descansando en un suspiro pesado, entre balbuceos sonámbulos que me piden sin quererlo. Yo sentada en la cotidianidad nocturna, entre amistades de veredas opuestas, entre conversaciones que sin sabor intento atrapar. Te extraño en la nostalgia de todo lo que supo ser el cariño de tus miradas, sentirme viva en tu cuerpo y  creerte eterno en mi pecho. Te extraño en el odio de creerme oprimida en un amor que busca esconder la soledad aniquilante. 
Torpes, somos flamencos sin alas, la belleza machacada en el polvo de nuestra neurosis. La cobardía nos caracteriza en el fondo de nuestra valentía siempre escueta. Escaparnos, la solución acompañada de besos ajenos, de viajes urgentes, de ilusiones como espasmos en el cuerpo.
Te amo, sos la ternura de mis días, la miel de mis sábanas, el perfume del afecto. Levantar los ojos del papel no admite más que tu silueta oscilando alrededor, tu voz llegándome con el eco de los recuerdos.
Se trata de contener el aliento en la llamada que todavía no suena.


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