"Ayudame a no tener miedo a lastimarme", dijiste. Y como flotando en el aire, se instalaba una coma en el metasentido de tu frase, "ayúdame a no tener miedo, a lastimarme". Es que debo ser el paracaídas en tu salto, la mirada, la presencia que habilita tu descaro, la cuota de masoquismo necesario para que recuerdes que habitás un cuerpo que a veces parece no ser tuyo. Pasa que cuando estás besando la lona, levantás un poco los ojos, y me pedís la patada final que no quiero darte. Te extraviaste una vez más, buscabas un pasaje, la llave de la puerta de tu deseo, y elegiste la salida rápida y conocida de la insatisfacción. Porque el amor es lo que te asusta, y lastimarse es siempre esa fantasía avasallante que vos hacés himno y abismo. Tenés un poco de razón en sentir que te roban algo, es cierto el vértigo que emerge cuando alguien instala un pedacito de sí en el lugarcito en que necesariamente algo nos falta para que nos podamos buscar, errantes. Pero no es más que un instante, sólo una pequeña porción que vos confundís con tu todo tu ser y ahí, puf, caés. Y el miedo te rodea las costillas, te va asfixiando desde adentro, contamina tu respiración, y amaga a aplastarte el corazón tan rápido como a vos se te pase mi nombre por la cabeza.
Qué tontería, yo te veo tan cerca, a punto de sacarte el antifaz que no te deja ver que no hay salvavidas, que ni yo, ni nadie te da ni te quita libertad. Bobalina, no puedo prometerte nada más que este par de manos que ahora te secan las lágrimas que malgastás en esto que no tiene solución, y que entonces no es un problema. ¿Entendés que te quiero en esta cadencia de puchos sentidos y correspondencia moderna? No me pidás ordenar mis prioridades porque perdemos todes, sabés que no las tengo, que yo no me hundo como vos pero que tampoco floto, soy un poco miserable y me paseo en una ruta que parece romántica y pasional pero que al final encuentra el balance en la soledad más amarga, en el miedo cobarde que me atraganta al desvestir un te quiero. Por eso vos también quédate cerca, sin darte cuenta no me dejás a mi tampoco engañarme en mis ficciones de sábanas y sal.
Se trata de amar y sus filos, sus filosofías. Vos te hacés las preguntas del imposible, yo persigo un señuelo de horizontes verdes, en el medio del camino se bifurcan los senderos, no es necesario seguir, ni elegir, recostémonos por un tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario