miércoles, 29 de noviembre de 2023

Ahí pero ¿dónde, cómo?

Que me digan qué,
que me digan cómo es que el qué
se vuelve algo sin evocar el medio.

Entonces que me digan mejor cómo.
Qué sé yo cómo se abre el laberinto,
cómo se accede a algo que está afuera
en la superficie.

Que me digan dónde sino,
si es que al final se trata de topología poética.
¿Dónde o por dónde se entra para salir
o se sale para entrar?

Por ahí es por ahí,
en eso, ahí donde no hay.
Hago pie en el punto que no existe,
en la respuesta que no llega.

Latitud puerta, longitud umbral.
Sería como un mapa entonces,
uno sobre mi territorio maldito.

¿Y si es des-territorializando el cuerpo de la mente?
Medio que me quedo sin agarre,
y la brújula tironea mintiendo un norte de sentido, 
jodiendo justo en el lugar del enigma.

Entonces, ¿cómo era?
Por ahí pero, ¿cómo?
Justo ahí pero, ¿dónde, quién?


Todo bien, igual

No me soporto
ni en mí ni en ti
ni en nadie

No me soporto a cada rato
tratando de hurgarme 
de rascarme la picazón por dentro

No soporto este enjambre sísmico
que no se agota
no se gasta la tinta
no se acaba el papel

No me agoto de no soportarme
soy terca en mi hastío
tengo sueño y me porfío en letras
eslabones de letras que no me dicen
que nombran maldiciendo

No me soporto
en las horas
en la entrada de luz por la ventana
en el sol abrasando mi piel
en la oscuridad de la madrugada

No me agoto
no me dreno
no se quita esto que sería yo dentro de mí
El pliegue replegado que se sofoca sobre sí mismo

No me soporto pero no me suelto
no me abandono 
no me distraigo
sufro un egoísmo griego
me miro y me observo en el reflejo

Me miro
infatuada me miro
me ausculto el ánimo del tendón tenso
todo el tiempo
me diagnostico poéticamente 
en un estado de catarsis sin goyete
en una irritabilidad obscena

Oye wey, ya basta.

Tengo el corazón pesado.
Sí, aún no me llama la suerte cerca de un acantilado
pero tengo los días contados,
las uñas quebradas,
las fotos dormidas debajo de la cama.

¿Cuánto tiempo tengo que escribirte?
¿A cuánto me acerco?
¿Cuánto duro en demorarme?
Acá adentro, el tapiz negro.
Acá, adentro de la lágrima.

Me descoso la herida para verme de lejos,
la coso y me acerco al día que no llega.
La cicatriz se tensa siempre bajo tu nostalgia.

Me gustaría decir amor, amorcito, te amo.
Y la tibieza de una mano en la nuca,
el vapor de un suspiro en la boca.

No puedo siempre sola,
me doy vuelta de adentro hacia afuera,
me pliego y me despliego y hasta a veces me encuentro,
pero después me olvido.
Se me borran los caminos y aparecés vos,
viejo portal poético.
Extraño dedicarte unas palabras,
nostalgia de que me mal quieras 
y reprocharte en las cartas que nunca leíste.

Tengo el corazón pesado.
Las palabras negras cerca del acantilado,
la suerte echada
los días narrados.

Amor, amor, a mí me cuesta.
Amor, amor, nadie por delante.
Pocos umbrales.
Pocas memorias nuevas de amor.

103 y 58 indicios sobre el cuerpo

No me salgo por la boca
No me escapo por las manos
No estallo por los ojos
Tierra seca en los bordes de mi piel
Un dique entre el vientre y la voz

No hay cómo ni qué
Tampoco quién
Me hago haciendo
Soy algo que hace
Una flecha asintótica sin destino

Me doblo por la línea punteada
Me pliego por el borde
Me abro por el reverso
103 dobleces para implotar en universo
Debajo la tierra, arriba el cielo

Lo que se dice autoerotismo y amante

Vuelve la imagen de su pera, sí, de su pera sonriente, puntiaguda. Como un boomerang regresa su pera alargándose. En cada loop se estira ridículamente.

¿Por qué será que algunos rasgos provocan rechazo?
Una pera, un diente apenitas más atrás que el resto, un gesto que pretende ser astuto, un cuerpo de hombre sin pelos, una pija muerta.
No me gustó, está claro. Y aún así me dejé llevar y me encontré. Relajada, liviana, sonsa etérea. Me chupaba y a mí me chupaba un huevo gustarle.
Sentí que me transformaban en ofrenda. No digo que le haya hecho un favor pero le regalé una experiencia.
Endiosada, bajé. Bajé a tener sexo con un mortal. Un acto de misericordia, religiosidad.
Estás tomando de un cáliz, no hay nada que yo tenga que hacer. Voy a dejar que me alabes con tus manos y tu lengua.
Voy a cerrar los ojos y dejarte ver lo mucho que me excito y lo poco que me excitás.
Todo altruismo es egoísmo, voy a usarte a pesar de que no hay nada que pueda tomar de vos.
Voy a darme la ceremonia que merezco.
Te regalo la mirada con la que me observo, este erotismo de mí hacia mí dispuesto a tu contemplación.
No me gustás, y un poco de lástima te tengo, me hace sentir mala pero sin culpas.
Soy el diablo rodeado de monaguillos, déspota en su tierra, el dominio de la fuerza sin esgrimir palabras con la voz.
Emperatriz caprichosa, María Antonieta, coquetería de la que los súbditos quedan afuera.

Lo que me pasa no me pasa por vos, sino por un lugar en mí, emancipado mi placer.

Nota mental: No quiero un novio, ni un fuckboy, ni un chongo. Quiero un amante.

Quiero un amante, uno dispuesto a la experiencia, a la altura de mi erotismo, del misterio que se envuelve de pieles mojadas y aceitosas.
Quiero un amante que me mire y me vea, que me comparta, que sostenga la mirada mientras a mí se me van los ojos. Que tenga la sensibilidad puesta al servicio de mi torso arqueado por sus caricias.
Quiero que me viva, que se detenga a sentir cómo desliza adentro mío, cómo me abro toda yo pecho, ceño y vientre. Soy un canal, un túnel, un puente.
Quiero un amante extrañamente introspectivo, quiero que nuestro roce inaugure una topología novedosa en la piel, un adentro que esté afuera.
Amante, no necesito que me ames, sino que me transites, que me recorras, que vivamos el valor de lo inédito en el cuerpo, otro cuerpo, otro peso, otra forma del dolor.
Amante no me ames a mí por mi yo, ni por lo que te inventes, ni por lo que me invento.
No hay lugar para metáforas, hay cuerpos, portales, umbrales, bordes desdibujados en espiral.
Hay metáforas pero sensibles. Hay poesía hecha de materia ensoñada, de lugares vacíos.

El altruismo es egoísmo

¿Por qué habría de escribirle al padre que no ha sido?
¿Por qué he visto fuera de foco la luz de un sol que salió a destiempo?

Llevé todo el día el peso de otro cuerpo,
de ese que supo pedir que lo alivie en el silencio,
que lo comparta y lo bese y lo quiera 
por unas horas, algunas noches, en la tormenta.

Ha llovido tan poco este año y siempre sobre tu presencia rendida al encuentro.
El cielo no se quiebra en vano y hoy cayó entero por encima de tus hombros.

Aún no sé por qué quisiera compartir tu carga, besarte los ojos petrificados de la sal que ni siquiera sé si derramaste.
No creo saberlo nunca, tampoco importa, no hace falta.
Así como vos no sabrás que hoy quise quererte y que nos queramos.

Sólo te he escrito un poema de amor.
La flor de una noche se ha vuelto clavel en estos días y el poema revive mutando en lamento, en un abrazo que no puedo darte y que no necesitás.

¿Por qué no habría de escribirle sobre el padre que no ha sido?

Porque he visto tu amor fuera de foco, 
a la luz de un hijo 
crucificado por la sombra de un sol a destiempo.
Porque he sentido tu pesar las noches de tormenta en que nos quisimos.
Por todo eso llevaría tu peso que hoy aliviana el mío.

Redistribución de tristeza

Inclinación a 45 grados
La oreja inmantada a cualquier hombro
Las lágrimas, las gotas de sudor, la sangre hervida en el cráneo
En un deslizar violentamente dosificado

3 inclinaciones a 45 grados
El corazón volcado al futuro o al pasado
Hormigas desorientadas agolpándose unas contra otras,
Tratando de drenar un surco
el hormiguero contenido en la sien

4, 5, 6 inclinaciones a 45 grados
La otra oreja repelida por un hombro
Los tendones, las articulaciones, la piel resistiendo el desgarro
En un movimiento de abandono
Trasladar el peso, compartir el peso
Lo ajeno aliviando lo propio
Cuando ya nada importa,
ni en el miedo de la nada
Ni la nada en el medio

10 inclinaciones a 45 grados
Y un círculo de orejas abrojadas a los hombros
Las lágrimas, el sudor, la sangre ajena
En plena resistencia, adentro y contenida
El corazón latiendo al ritmo del entre

Menos mal que tengo hermanxs.

Jugar con las palabras para despegar el abrojo de la frente, el ceño fruncido de niña frustrada, de pendeja quisquillosa.

Ahora te caen un par de fichas sobre la soledad, esa de la que hablás como se habla de una mancha de nacimiento, de un lunar, de una peca. La que tiene olor a ropero con humedad, la que se mueve como sombras verdes en el cielorraso, la victimaria silenciosa que se oculta detrás del gesto que inaugura la lectura de un poema.

Todo el día el ceño fruncido decía tu madre, tu abuela, tu tía. Todo el día la cara de culo denunciando el hastío que bordea el llanto de quién cree no ha recibido nada. Nadie quiso jugar a la poesía, la infancia es cruel y materialista, nunca te gustó moldear plastilina porque tu boca estaba llena de palabras como bloques, como témperas, como autitos embotellados.

Que eras una niña seria, una niña triste, una niña pregunta. Que eras una niña sonriente cuando volteaban a verte, que nadie sabía que inventabas un juego que otros querían jugar. Y así nació la impostura creativa, la niña buena alumna, así tuvo lugar aclimatarse para no aburrirse, no angustiarse, hablar con Dios por las noches para no sentirse una sombra verde y olvidada.

Entonces empezaste a jugar con las palabras mentidas, falsas verdades ofrecidas desde lo oscuro para sacar una mueca de valor propio en el juego ajeno.
Niña monstruo, niña palabra, andá a jugar un ratito, andá.
Andá a mitigar la soledad con cacofonías, adorná el silencio con acusmática, conjurá un poema infante, construí un castillo poético, destruilo y volvé a empezar toda vez que sea necesario atravesar el aburrimiento, recrear un rechazo, desabrochar el ceño.

Servicio meteorológico

¿Por qué será que hoy busco en el olor a lluvia algún vestigio de tu piel?
De tu piel a la madrugada húmeda.
Seguida por un séquito de sudores merodeando en las almohadas.

¿De dónde viene esta nostalgia a destiempo?
Corta el hilo que hilvana mis días,
que han sido muchos y tantos.

Tantos días esperando que escampe,
que la única humedad sea la que toca mis labios en un sorbo de vino, en un té por la mañana.
Que todo lo mojado sean mis palabras que vuelven a mi boca
a llenarme de anhelos, de suspiros dignos
de mí misma.
Ser yo quién vuelve.

¿Por qué será entonces que
la lluvia vieja y la neblina remota hoy
me inundan un poco los ojos?
Instalando un pequeño maremoto en mis comisuras.

Justo hoy,
justo hoy que el viento sur se prestaba a secar la ropa empapada en lágrimas.
Justo ahora,
que salí sin paraguas, sin impermeable.
Que salí así no más, casi regalada,
con el corazón desabrigado y la memoria susceptible.

Todo se trata de sexo, menos el sexo que se trata de poder + Porno.

¿Cómo se escribe del poder con las manos recién lavadas?
¿Cómo se escribe el tirón contra-intuitivo que catapulta un gemido en una mirada?
¿Cómo se dice la cosquilla de un rasguño lascivo?
¿Cómo se pronuncia placer con la boca ocupada?



Porno

No recuerdo cómo cruzó la reja, ni si dijo hola, ni cómo caminó del auto hasta mi entrada. Yo sólo sé que lo estaba besando, mucho antes de que llegara, mucho antes de que me escribiera esa noche.

Entró, preguntó alguna estupidez sobre si nos conocíamos pero la verdad no sé, no me interesaba escucharlo. Con los ojos disociados me le abalancé y él me levantó bajo la luz azul mersa del comedor, cual película de Gaspar Noé. 

Me apretó entera contra la pared helada y sentí su pija dura desquiciarme.
No sé escribir sobre sexo y erotismo, me saco de encima las pretensiones de querer decir bien o con belleza.
Quiero contar que me quería morir penetrada por este chabón. Quería sentarme en su cara, comerlo de a partes, que se me ensanchara la lengua para acaparar toda su boca.


Me cogió vestida contra la pared, me insultó y entré en un estado de ceguera y mareo.

Como pude lo llevé a la habitación, me tiró en la cama, nos comimos los labios mientras él murmuraba lo mucho que lo excitaba y que no veía la hora de cogerme.
Nos desvestimos y empezó a tocarme con su mano húmeda de saliva espesa. Me encanta que sea un puerco, asqueroso, me encanta que me llene de su baba tibia, que no tenga rodeos para ensuciarme toda.
Me metió los dedos con un gesto seguro y dominante, me movió por dentro y bajó con su boca para lamerme entera.
Dijo que quería que le acabara en la cara y yo me regalé todita sobre su lengua dura. 
Acabé mucho. 

Gemí y grité y pensé en que tenía lo que había deseado toda la semana.
Lo tenía en mi cama, chupándome, sin haber mediado palabra, lo tenía encima mío en su forma animal, la única faceta que hoy me interesa de un hombre.

Quedé trastornada y perdida, él me apretó contra su cuerpo desnudo y me besó el cuello y la cara, como conteniéndome y disfrutando los últimos espasmos de mi piel. 
Un hombre, un hombre dirigiendo mi placer.

Me subí sobre él y le besé el torso lleno de tinta, escrachado vulgar y aleatoriamente.
Bajé más y empecé a pasarle mis labios como no queriendo iniciar algo que sabía que pronto iba a terminar. Lo acaricié con mi lengua mojada desde abajo hacia la punta, subiendo tan despacio y contundente como era posible. Cuando llegué arriba me lo metí entero en la boca, me lo llevé hasta el fondo de la garganta, tragándolo, presionándolo. 

Él me puteaba, me decía que era una hija de puta, que no podía chupársela así, que lo volvía loco. Me preguntaba si me gustaba y con los ojos llenos de lágrimas yo murmuraba que sí. Me la sacaba y le decía que me encantaba chuparle la pija, me la volvía a meter y suspiraba de placer. 

La tiene diseñada para ser peteada.

Me preguntó si quería que acabara o que me cogiera un rato, le pedí que me garchara.
Se puso un forro y entró con la misma seguridad con la que llegó, se movió encima mío pegándose sobre mi vientre, empujando hacia delante y hacia arriba mientras me miraba. Desde el inicio que nunca dejó de mirarme. 

Después de un rato me invitó a que me subiera encima. Me la metí despacio y me dediqué a sentirlo, ondulada yo, con el torso expandido hacia arriba, y él apretando mi culo, cacheteándome, puteándome. 
Dijo que no podía creer que tuviera esta boca, que era una puta, que lo iba a hacer acabar. Me incliné hacia adelante, lo besé con la lengua errática de locura erótica y lo twerkié mientras él me pegaba cada vez más fuerte. 
Me pidió que lo hiciera acabar, aceleré el ritmo, presioné y lo sentí explotar adentro mío. Lo apreté entre mis brazos y le metí la lengua hasta el fondo de su boca, hasta que no pudo gritar más, hasta interrumpir su respiración.

De a poco fue dejando caer sus brazos a los costados del cuerpo, recuperando el aliento, abriendo los ojos. De a poco empezaba a subir un gesto insoportable de humanidad. Casi sin querer le acaricié el pelo y me despegué renegando de su boca. 

Me sonrió, le sonreí y lo que vino después a nadie le importa.

Nocturno doppelganger

Salir a la ciudad dormida, abandonada, la ciudad libre de la noche.

No sé, sólo quiero decir que encuentro presencia en el ruido de la noche abandonada.
La libertad es un poco ese anonimato, la soledad llevada en extremo a lo público desierto.
Me siento un poco ama y señora de un pedazo de mundo. Cuando nadie atestigua mis pasos, cuando se supone que no debo estar ahí.

Donde otros se sienten en peligro, yo me siento libre y al encuentro en todo caso de otro que se siente igual libre o impune. ¿Qué podrían hacerle a una mujer que camina sola a esas horas, pérdida en sí misma, sin otra cosa por perder?
Yo tendría de mí misma si fuera otro.

Es un poco tenebroso pensarme desde afuera. Por dentro la paz extendida a la conquista de mí cuerpo y de la noche, al continuado entre el silencio y el sonido de mi existencia mínima. Por un lado, el refugio de mi soledad escondida en la soledad. El juego del anonimato en la noche pública. El tiempo devenido pasos y pulsos. No corre el reloj cuando soy dueña del único movimiento a la vista, cuando soy escenario, actor, público y performance.

Por otro lado, el encuentro, no cualquier encuentro, sino el de dos personas que se saben solas en el mundo, embebidas, embriagadas de soledad edulcorada.
Un rostro que denuncia el artificio poético, lo ominoso tendido en la mirada, escrachando otro rostro que a la vez denuncia la maniobra filosófica. Nocturno doppleganger de soledad.

Es un poco tétrico pero podría no serlo. Encontrarme desde afuera, suena encantador, se siente encantador.

En esa caminata la soledad brota de la ausencia de las palabras, del gesto humano elidido, sólo luces y cables y casas como huellas de humanidad, como un teatro cotidiano vacío.
La soledad máxima abrazando la polis, en la ciudad sombra.

¿Por qué será el silencio, las sombras, la ausencia, el cuadro en el que encuentro el enlace al mundo que realmente habito? Afuera, en la quietud, me sobra el tiempo para sentirme parte, me toma sólo dos inhalaciones comulgar con otra cosa, expandirme en las partículas del aire, en los fotones de luz.

No sé, las imágenes van más rápido que mi mano sus palabras. 

In rainbows: para leer escuchando Reckoner.

 ¿Y si pruebo juntando los pedazos?

Porque el lente agujereado aún filtra alguna luz,
permitiendo ver los retazos de lo que he sido y ha sido mi vida junto a vos.

Retrato de esperanza,
bosquejo romántico de ensueños,
de colores de atardecer de verano y de invierno

Quedate,
quedate viéndome deshojarte en lugar de desvestirte.
Mirame desde el pecho de recuerdos sumergidos
en luces cortadas,
en sombras erráticas.

Quiero devolver el filtro de tu amor.
Reparar el lente desgarrado,
unir las piezas pegándolas con las lágrimas de un olvido incompleto.

¿Qué nombre tiene lo que he perdido?
¿Qué nombre verdadero llenaba tu voz detrás de mis ficciones?
¿Cómo reconocer un rostro que no he visto?
¿Cómo encontrarme por fuera del reflejo histórico y desvanecido?

Revolver, devolver, volver
para irme en serio,
para darle un portazo a la vía de tu amor.

Te extraño

 Ya no te extraño.

Ya no lloro las sobras de tus besos,
ni mi sombra entre tus labios,
ni mi lengua en tus palabras.

Ya no hay palabras para el olvido,
ni memoria en la lejanía
ni cercanía en tu recuerdo.

Y el tiempo es una gota que no cae,
que cuelga de todas las cosas,
las que ya no me esperan,
las que aún no me imaginan.

Y el espacio es un holograma
que confirmo bajo el tacto
que no basta.
Porque, cuántas veces te acaricié sin que estuvieras
y te besé sobre el vacío hecho de tu boca.

Ya no extraño tu ausencia disfrazada de amor,
ni el silencio, único matiz de tu presencia,
ni el encuentro perdido en la intención,
ni el intento de compartirme,
ni partirme en el intento.

Ya no extraño,
Ni anhelo,
Ni siento. 

Intento

Siento que no me equivoqué
Cuando dije tu nombre
Como conjurando un olvido
Cuando tuve que dejarte ir.

No me equivoqué
Porque el intento es lo único a la orden del día
Una apuesta es un cada vez lleno de historia
Y acertar es la brecha entre un suspiro y una inhalación.

No me equivoqué
La vez que te pedí que atesoraras el momento
Con el tendón tenso atestado de esperanza.

Tampoco erré en la intuición de mi cuerpo tratando de huir de la densidad de tu experiencia.

Fallé en la traducción de mi ansiedad
Tomada por impotencia
Decodifiqué mal la señal de lo que no era para mí.

Géminis: Jugar como un poeta

Necesito tener un pie en el aire para bailarle encima a tanto ceño fruncido. 

Que sos seria, que cambiá la cara de culo.
Incomprendida mi escucha atenta, la seriedad que ameritan tus palabras.
A mí? que nada me importa tanto.
A mí? que tengo la boca hecha para el juego, no para la ofensa.

Incomprensible mi confianza en la palabra moldeable, danzarina.
Dale, hablemos. Dale, inventemos.
Dibujemos por un rato sandeces en el aire.
Dale, ponele solemnidad, 
ahora sacale solemnidad, 
ahora decí guarra, chupetín, papa frita. Ahora sentí el ritmo. 
Fijate cómo nos acerca que digas, cómo nos inmanta los centros de las bocas.

Yo me llevo a mí misma plagada de ideas inútiles,
El enigma persigue un gatito a medianoche.
Esa, mi obsesión que olvida al cuerpo,
Que pierde de vista que el otro pie va anclado al suelo.

Cenicienta

 ¿Qué será del zapato y de la Cenicienta cuando no brillen?

Cuando lo bello sea sólo forma sin cuerpo
Y el cuerpo enmudezca en la imagen

¿Cómo atravesar el espejo? 

Cuando el zapato no encaje
Y la cínica se siente en el trono
a la espera
Y la risa sardónica baje hasta el pecho
Donde aguarde un vacío

¿Qué va a ser de ti?

Cuando el zapato sea cenizas
Y la Cenicienta, calabaza
Y el carro, hada madrina

A través del espejo

Quién escapa, si
no hay nadie más, sólo 
la platea permanente
y el insomnio,
mezcla de paranoia y soledad
coqueteando en el reflejo
demasiado nítido debajo de un espejo empañado.

¿A cuántos espejos se puede huir?

Tauro: el cuerpo artesano y una última aproximación.

Hay una frase que no paro de decirme: "tengo una voz en la espalda que me habla a destiempo". No se oye, no dice nada, es una sensación, una imagen hecha de materia sensible, son afectos enlazados a retazos de recuerdos. 

Aparece a veces como una esfera nebulosa en la nuca. Otras, en el medio del esternón.
A ésta última la nombré "tendón tenso", hoy le pondría "intenso", una mezcla de felicidad, plenitud, esperanza, amor.
Vos te debés acordar porque se lo robé a Clarice Lispector una tarde de verano en esa terraza de Almagro, la misma en la que te pedí que atesores los momentos.

Parece que hice caso a mi consejo, que guardé y conservo muchos. Lo sé porque en el último tiempo me asaltan desde adentro, cuando camino al costado de las vías y hace frío y hay poca gente porque es domingo y entonces el sol nos concede a Freud y a mí un gesto reconfortante que se parece a tu abrazo.
O cuando de noche, el humo del cigarrillo forma dibujos a través de las lucecitas azules que me regalaste y a mí me invade los pulmones tu perfume hecho de tabaco y ropa limpia.

Mi cuerpo duele y duela, me invita al duelo, me impulsa a cierto reencuentro, donde me puedo quedar un ratito regodeándome de un placer casi alucinatorio, de nostalgia dulce.
Pero luego salgo y desde ahí me relanza la palabra, muchas veces trunca y extraviada. Me empuja devolviéndome el lugar de mi potencia, el lugar de mi erotismo, el lugar de mi amor.

Quizás el cuerpo artesano es lo que inventé que inventamos juntos porque el lenguaje de la palabra nos quedó corto, me quedó impotente. Es la manera de dar espesor, de moldear, de recuperar y transformar lo perdido en lo que hubo y lo que habrá. Para jugar con la superposición del tiempo maleable, para darle forma y lugar a la actualidad de un pasado que se presentifica en la ausencia. O para simplemente sentir que extraño desde lo más íntimo y decirlo en muchos caracteres. 

Tauro: el cuerpo artesano

Este es mi cuerpo artesano que guarda memorias,
que recuerda sonidos como caricias,
silencios como calambres.
Trazando sensaciones como películas 
quisiera agradecerte cada viaje
hacia el fondo de la ternura y de la carne.
Quisiera poder decirte que quise tanto tu cuerpo, tu voz,
y cómo me llevabas de la mano adentro de mí misma.
Toda esa espera no fue en vano.
Me dejaste más cerca, 
adentro de un espiral
que ahora se tensa de nostalgia sobre tu sonrisa.

Saturno en Piscis

 ¿Y yo qué soñaba ser?

Yo quería ser un árbol, ramificar las ideas hasta conmover las hojas extendidas a la caricia en la brisa del verano. Y esa brisa nos llegó como nexo blando, como punto débil.
Taciturna tu voluntad de Ser arborizado. Tronco hueco, vaciado, vacío de emociones férreas. 

Yo quería ser la luz que atravesara extremidades, dejar sombra en tu suelo, posar mi brillo en tu mirada rota.
Quizás quise ser Ese árbol, en el medio del bosque obnubilar el bosque comerme el bosque ser el árbol y ser el bosque.
Quise ser la palabra cosquillas, endulzarte horadando la corteza, invitarte a lamernos la savia, el pegoteo suave de la intimidad. 
Quise ser el incendio porque llevo el fuego escondido debajo de la manga, porque tengo la voz imposible hablándome en la espalda, prediciendo a destiempo, iluminando la noche invertida.
Quise ser el pie y el pasto, la semilla y la copa.

¿Ahora quién soy si no puedo volver atrás?
¿Cómo junto estas hojas muertas si soy todas las hijas caídas del otro-ño?
Es en este otoño desolado que tengo que aprender a dejar morir, a dejar de estirar mis brazos hacia otros cuerpos cortos de ramas. 
Habrá que volver al polvo y la escarcha, transformarme en musgo, dejarme adentrar en un invierno de visitas que no llegan más que en forma de recuerdos.
Me podaron, y vos alejaste la tibieza.
Ya no compartimos el mismo bosque, abandonamos el viejo jardín.

Tesis sobre la hiperpresencia

Qué trastorno de foco, se desdibujan algunos bordes, se camuflan de neblinas. Veo puntitos que como red tejen puentes y me dan las figuras más hermosas, los más bellos caleidoscopios, todos juntos proyectados entre mis ojos.
La imposibilidad inmantando secretos, recubierta por el alma del enigma en esta soledad tan propia, tan impropia.
Imposible alcanzar verdades cuando son hijas de las tinieblas dónde la luz de la palabra se quiebra y ni llega, haciendo agua, estallando en ríos de palabras que se agolpan en mi lengua.
Qué trastorno auditivo, tantos fonemas, tantos sonidos temblorosos vibrando entre los dientes. Oscilan los puntos ahora entre mi oído y mi frente, paintball de anguilas resonando contra los huesos de mi cara.
Todo tan cartilaginoso, el todo escurriéndose, todo neblina, anguilas tensa, puntitos vibrantes. 
Qué trastorno de tacto, cuánta tensión acumulándose en la frente, danza de anguilas entre mi pecho y mi espalda, deslizando acuosas, deslizando espesor entre mi frente y mi pecho. La imposibilidad no rehúye ni al cuerpo ni a la mente, se reproduce en cardumen, se estira y se encoge, dibuja un corazón dilatándose.

Puta poética

Podría mentir un te amo, envolverlo de palabras y lenguas, y aún en mis mejores mentiras estaría siendo sincera.
Porque no te amo, ni te quiero pero podría llegar a amarte y querer compartir las estupideces que pienso a diario, mi cotidianidad vertiginosa, el arcoiris que forman mis orgasmos, bailes, ideas, muchas ideas, inservibles, mucha piel.
El amor es profundamente aburrido y estanco, pienso en amar y se me ralentiza el cerebro, el aire se llena de neblina, el tiempo es lento y enloquecedor
No te amo en el correr de los días, no te amo los martes, tampoco los miércoles. Apenas te extraño los jueves y empiezo a desearte los viernes. Los lunes son el hartazgo absoluto de tu perfume leñador todavía adherido a mí pelo, me produce náuseas, me satura.
Como te digo, no me tomes tan en serio cuando me enrosco en tu pecho y te confieso profundidades y me pongo misteriosa y me muestro vulnerable. Lo mío para vos es un amor presente, un amor momento, encuentro. Tal vez te adore en una sonrisa, en un gesto, en un beso, una caricia, cuando te tengo adentro, tal vez te ame el tiempo que dura un chiste en el aire. Hay una hora para el amor, para hacer poesía, hay un principio y hay un fin en el amor acontecido. 

Parpadeo

Una vez lo vi,
Después ya no vi nada.
En el arco de mi frontera,
El sonido indiferente de tus sienes palpitando el final.

Entré-vista

Vivo en una intermitente parálisis de sueño
Llega la noche y tengo el cuerpo impedido pero la mente arrancada,
Es toda una cuestión quirúrgica.
Alguien intenta arrancarse algo,
Hacer una extracción de ideas del juicio.


Me duele la mirada que va hacia dentro,
Tengo los ojos como ruleta rusa,
gatillan balas lacrimosas
cuando salto de mi cuerpo
gritando al final de la pesadilla,
Ahogada en espasmos sin razones, sin pensamientos.
Sólo la certeza de la piel pegada a las sábanas vacías
En el quirófano de la angustia.
Sólo la seguridad del tendón tenso haciendo metástasis en mi pecho

Al umbral de algo que me piensa
me descubro en el entre,
entre sueños,
entre vos y esto,
entre el mundo que habito y el nombre que encarno.

No te veré morir.

Para terminar de honrar nuestro amor, robate mis letras, mis notas, sácale provecho a mis últimas palabras.


¿Cómo pudo terminar todo tan mal?
Otra noche que te lloro porque no te veo ni te veré morir, ni en carne ni acá adentro. No te veré marcharte, no te veré escapar o desvanecerte dentro mío. 
Hace varias semanas que no te pienso y un poco me asusta.
Porque el día que ya no busque explicaciones, que ya no arme sentidos alrededor de aquella pregunta. Ese día, en que ya no haya un nosotros pegado a mi relato, cayéndose de mi boca, ese día yo también seré olvido. Será olvido la sensación que envolvía mi vida alrededor de la tuya, ese vestigio de esperanza que imaginaba como una estela acompañando cada uno de tus movimientos, el caleidoscopio inédito con el que sentía el mundo. Ese día te veré lejísimo de mi cuerpo, no sabré más que el intento de recuperarme y recuperarte en una referencia difusa del clima, del viento, de alguna canción. 
Me duele esta nostalgia precoz y aparecida, me aterra tu olvido.
Es por eso que tuve que pensarte una vez más. Para ubicarme, para recuperar eso mío que anduve extraviando un poco en otra cama. Tuve que volver a vos para retornar a mí, porque ahora sí sos mi espejo, ahora que estás perdido puedo verme sin eclipses, sin señuelos, sin terciopelo azul.

CsO

Es el sentido que me apresa  Presa amotinada de palabras Nenúfar, quiero decir nenúfar y que sea tu columna vertebral flotando en mi mano Qu...